The Duke vuelve a nuestras Xbox en las próximas semanas, y no nos referimos a ningún miembro de la realeza, sino a la actualización del controller original de la primera XBox lanzado en 2001. Seamus Blackley anunció en el pasado CES las nuevas características del regreso de este controlador: una pantalla OLED donde se reproducirá la animación de encendido de la consola, la conexión vía USB, eliminación de la ranura para las tarjetas de memoria y dos pequeños botones encima de los gatillos. El resto es igual que hace 17 años, ¡incluso los botones blanco y negro!

Muchos no lo recordaréis pero, cuando se presentó Xbox, todo era a lo grande: la puesta de largo con Dwayne Johnson, el tamaño de la consola, la ambición de Microsoft y… el controller. A su lado el DualShock2 parecía un canijo y ya no os digo si lo comparamos con algún clásico como el de SNES. Sabido por todos es el ansia de los norteamericanos por “caballo grande” y reconozco que el controlador era muy cómodo, y eso que tengo las manos más bien pequeñas. Aunque la ergonomía no era su fuerte. En ese aspecto nadie podrá ganar nunca al GameCube Controller. Pero claro, lo de que los japoneses las tienen más pequeñas es cierto y sus manos no se adaptaban bien a semejante mostrenco. Por eso, un año después del lanzamiento, nació la versión “S” para Japón pero que terminó sustituyendo a The Duke en todos los territorios en 2003.

Y aunque el controlador original no duró mucho entre nosotros, sí que juega con el factor nostalgia para hacer que nos ilusionemos con su vuelta. Digamos que fue un controller que se nos fue de las manos aunque no el primero. Acompañadnos a ver otros que por su tamaño asustaban pero que tan buenos ratos nos dieron en su momento.

Y vamos con el que dicen que fue la inspiración para The Duke: el mando de Dreamcast en 1998. Aquella gran, pero incomprendida, consola tuvo un controlador que se salía un poco de las medidas habituales. Sí, se adaptaba muy bien a horas y horas de juego, y la ranuras para expansiones (habituales en la época) podían convertirlo en un aliado perfecto con la VMS, una tarjeta de memoria con pantalla LCD en la que podíamos ver información adicional. Un mando que recuerdo con nostalgia pues en una versión 2.0 podría haber sido casi definitivo.

Y si el de la Xbox original se inspiró en el de Dreamcast, éste tiene a su padre dentro de casa. Hablamos del 3D Control Pad para Sega Saturn, aquella consola destinada a luchar contra PS1 y N64. Debutó junto a NiGHTS into dreams… (Saturn, 1996) pues el juego necesitaba un stick para los entornos 3D, un movimiento como el que hizo Sony con su Dual Analog Controller para PS1. Como curiosidad, el de Saturn tenía un botón para cambiar entre analógico y digital pues había juegos que solo reconocían la cruceta. Y este si que se nos fue de las manos como podéis ver comparado con los dos anteriores.

 

 

Pero el 3D Control Pad de Sega fue su estrategia para luchar contra el tridente de Nintendo. Sí, no estamos refiriendo a controller que asombró a todos cuando se presentó por su peculiar forma: el de N64 en 1996. Pasar del pequeñete de SNES al primer mando con un stick preciso para mundos 3D no fue fácil, y os lo digo yo que al principio se me hacía como estar agarrando a una cabra por los cuernos. Pero luego te das cuenta de que es muy muy bueno, y la idea original de combinar un mando tradicional con uno innovador estaba muy bien conseguida.

Y ahora entramos en terreno más desconocido. En 1993 Atari lanzaba su Jaguar, una consola de 64 bits (bueno, eran dos procesadores de 32 bits unidos) para adelantarse al futuro. Y con ella llegó uno de los controladores más extraños (de serie en una consola) que hemos tenido. Y es que la parte superior era bastante tradicional pero la inferior es la que hizo que se nos fuera de las manos: tiene los mismos botones que un teléfono, incluía la almohadilla y el asterisco. Y esto tenía una explicación pues cada juego incluía una plantilla que superponíamos y podíamos realizar comandos específicos con los botones. Una joya más bien por coleccionismo que por practicidad.

Pero esto de que se nos fuera de las manos ya empezó con la primera consola de la Historia: la Magnavox Odyssey en 1972. Su controlador era una especia de caja con dos diales a los laterales con los que jugábamos y tenían un tamaño más que considerable, nada que ver con los controllers que tuvimos años después con Atari, Nintendo y Sega.

Todos estos mando tenían sus luces y sus sombras, supongo que todos tendremos nuestro favorito, aunque eso da para otro post. Nos hemos dejado algunos “grandes” en el tintero como el Slime Dragon Quest VIII Controller para PS2 o el RE4 Chainsaw Controller para GameCube y PS2 por ser ediciones especiales y no venir de serie con una consola, y otros como el Gamepad de Wii U por ser un concepto que sí necesitaba un gran tamaño, aunque luego no funcionase bien.