… para mí. Y es que quiero compartir con vosotros por qué Super Mario 64 sigue ocupando un lugar especial en mi propio Olimpo de los videojuegos. Hace unos días completé Super Mario Odyssey, no al 100% porque eso puede que me ocupe meses pero sí llegue al final (y más allá, porque este juego siempre tiene un poco más) y he de decir que me ha ido impresionando según avanzaba en el desarrollo. El juego es alucinante porque la jugabilidad como en todo Mario es soberbia pero echaba algo de menos, esa esencia tan del Reino Champiñón, los típicos mundos de los videojuegos de Mario. Vale, ya se que no se puede vivir de rentas en este sector pero estaba un poco desilusionado por no encontrar las típicas melodías o algo que me llevara un poquito a mi infancia. Hasta que llega el final y… bueno, no os hago spoilers porque deberíais comprobarlo por vosotros mismos.

Y aquí es donde entra Super Mario 64 pues la aventura del fontanero de Switch me ha hecho pensar como ese juego me hizo alucinar. Si que es cierto que Super Mario Galaxy fue todo un golpe de efecto: la nueva gravedad y los planetas daban un nuevo sentido a la palabra aventura en los videojuegos y Mario podía lucirse más aún. Tal vez esto nos impactó tanto en su momento que ahora Odyssey no haya sido para tanto en cuanto a concepto. Y decir que Super Mario Galaxy aún se encuentra en la primera posición de Game Rankings con un 97,64%.

Pero lo que muchos vivieron con Wii y su aventura de Mario, ambas partes pues yo las considero un uno, mi generación lo vivió al verse de pronto ante un jardín del castillo de Peach totalmente en 3D. Era algo a lo que no habíamos jugado nunca y necesitábamos un guía, un antiguo enemigo de Mario, Lakitu, nos daba instrucciones básicas para controlar el entorno. Y ahí estábamos a los pocos minutos saltando, haciendo volteretas y subidos a árboles persiguiendo champiñones como si lo hubiéramos hecho toda nuestra vida. Acostumbrados a los entornos totalmente en 3D hoy es difícil explicar aquella sensación que vivimos en 1997 (un año antes los japoneses y americanos).

Algo que ha continuado en la mayoría de los Mario 3D han sido los objetivos por mundo. Ya no consistía en llegar al final del nivel pues cada uno tenía una serie de estrellas, soles, lunas… que conseguir. Y las de Super Mario 64 estaban perfectamente estudiadas. Al seleccionarlas teníamos un titular que nos daba una pista de como conseguir ese objetivo. Algo que podía llevar a estrujarnos la cabeza y 120 (sí, los de la 121 es una leyenda como lo de “L is real 2041”) que no se nos hacían cortas. Y, aunque es de agradecer las 999 energilunas, en Super Mario Odyssey hay un momento en el que algunas aparecen por aparecer, y eso no tiene la satisfacción de haber luchado por ellas.

Con todo esto no quiero decir que no sea uno de los mejores juegos a los que he tenido el placer de jugar, pero se me hace inevitable compararlo con sus antecesores. Super Mario Galaxy es un reto desde el primer minuto, controlar la gravedad cero te da muchas alegrías y ganas de matar a la vez. Incluso Super Mario Sunshine, ese denostado capítulo, me pareció realmente bueno. Si que puede que yo sea un jugador muy old school y eso sea un lastre a la hora de valorar ciertos juegos. Por eso os digo que cambió totalmente mi idea de Super Mario Oddyssey al final, consiguió sacarme una sonrisa y hacer que quiera esas 999 energilunas.

Pero para mi el rey sigue llevando el apellido 64. Aún 21 años después sigo encendiendo de vez en cuando mi N64 para disfrutar de este juego, por el mero hecho de jugar como cuando era un niño. Puntuar los juegos de Mario me parece algo muy difícil porque la mayoría de ellos son auténticas obras maestras pero todos tenemos un favorito, ¿verdad?