GT Sport o cómo echar el freno a una gran saga


Cuando estás en lo más alto hay muchas posibilidades de que tu siguiente paso sea hacia abajo. Eso ocurre en la música, el cine, la literatura y, también, en los videojuegos. Pero entendedme, no es fácil estar en la cima y mantenerse en ella, así que es algo entendible que el capítulo de alguna gran saga de videojuegos no esté a la altura de las expectativas de la comunidad. Y, en mi opinión, es lo que ha pasado con GT Sport para PS4. ¿Por qué? Os lo explico.

Vale que algunos defiendan que no es un capítulo numerado de la serie Gran Turismo, por lo que compararlo con sus antecesores sea algo injusto. Fue un movimiento arriesgado por parte de Sony: no ser lo suficiente para numerarlo con un 7, ser más que un Prologue y centrarse en los e-sports. Una mezcla que no encaja mucho con aquel Gran Turismo original de 1998. Un juego centrado en el jugador con el Modo GT, que tuvo su cenit en Gran Turismo 4 (PS2, 2004), y que en este GT Sport han descuidado. Siendo el añadido de la actualización de hace unos meses un parche que no me termina de convencer.

Antes empezábamos siendo un piloto novato que nos podíamos comprar un Toyota Yaris o un Mazda MX-5, como mucho, e ir subiendo posiciones para ganar créditos y adquirir esa bestia llamada Nissan GT-R R35. Pero aquí son una serie de carreras con alguna característica por la que sólo podremos competir con una serie de coches (tracción trasera, compacto, japoneses…) pero no tienen ese punto de competición. Y además, si has jugado a la campaña seguramente tengas un garaje bastante amplio como para no tener que ser un esclavo de conseguir créditos y comprarte todo un “pepino”.

Y hablando de garajes, el de GT Sport me decepcionó. Vale que tienen unos modelados perfectos, que están las principales marcas y sus benchmark pero, vaya, 180 (más o menos) queda ridículo al lado de los 700 de Forza Motorsport 7 (XONE, 2017). Y lo digo como apasionado de los coches, que creo que me pasé más tiempo mirando el concesionario de Gran Turismo 4 que compitiendo. Aunque lo de los museos de las marcas y toda la información sobre los coches compensa esta carencia un poquito.

Pero vale, es un simulador y debemos valorarlo como tal, no es una enciclopedia de automóviles. Y como ello es bueno, ¡muy bueno! Controlar a cada uno de los deportivos lleva conocerlo al dedillo: saber como se comporta un propulsión, dónde lleva el motor para controlar el giro, la distancia de frenado… ahí estoy encantado. Es lo más cerca que estaré de conducir un 911 GT3 RS. Pero… sí, hay un pero: ¡cuando te chocas parecen cajas de cartón! Rebotan contra las paredes y la carrocería intacta, tal vez algún rasguño, pero sin más. Aprended de Need for Speed: Most Wanted (PS3, 2012) chicos de Polyphony.

Pero no me entendáis mal, es un juego de notable: los circuitos son una pasada, la curva de dificultad es perfecta (la de los primeros Gran Turismo me parecía infernal) y si te gustan los coches vas a disfrutar como un niño chico con su Brand central, su brutal editor de diseños o su Modo foto (me encanta que tenga mi ciudad, Toledo, como uno de los paisajes). Además el juego no miente, no es la séptima parte y está orientada al online, y en ese aspecto es muy estable. Hasta que por problemas técnicos te quedas sin internet en casa una semana y no puedes jugar porque su sistema de guardado depende de la red. Y sí, me pasó y me acorde de los familiares del que decidió esto en la casa Sony.

Como decía en el título creo que han echado el freno a la saga con esta entrega. Al menos para los que esperábamos un Gran Turismo más clásico. Pero, oye, ¿quién sabe si han pisado el pedal para no salirse de la curva y pillar más velocidad de forma segura? Puede que esto haya sido una prueba de campo para el verdadero Gran Turismo 7, un juego que con la experiencia de Polyphony y la tecnología actual puede ser todo un “pepino”, más que un GT-R R35.