“Si echas la mirada hacia atrás con Rare, siempre ha estado haciendo cosas diferentes”. Esta es una de las declaraciones que ha hecho Craig Duncan de Rare a The Telegraph en una entrevista bastante interesante. En ella, además de hablar como responsable del equipo de desarrollo de Sea of Thieves, cuenta que no cree que esto sea la resurrección de la compañía británica, básicamente, porque nunca ha estado muerta. Y tiene toda la razón pero ¿entonces qué pasó? Acompañadnos a un repaso por estos “años oscuros” en la que fue una compañía de referencia en el videojuego.

Todos sabemos de la época dorada de Rare con Nintendo. Desde Slalom (NES, 1987) hasta Star Fox Adventures (GameCube, 2002) creó autenticas joyas de la Historia de los videojuegos. Battletoad y su dificultad legendaria en NES, los portentos técnicos de la trilogía Donkey Kong Country para SNES, Goldeneye 007 para N64 que les daría los aplausos de la industria (y su secuela Perfect Dark) o la creación de uno de los mejores personajes virtuales en Conker’s Bad Fur Day. Y en 2002 llegó Microsoft con su talonario y terminó todo.

Y esto no quiero que se interprete como un ataque gratuito a Microsoft pero sí que es cierto que no supo comprender al estudio británico. La compra de la mitad más una de las acciones de la compañía hizo que Nintendo vendiera su parte. Comprensible sabiendo lo recelosos que son los de Kioto con no compartir licencias. Y el primer juego de Rare post-Nintendo fue Grabbed by the Ghoulies (Xbox, 2003), un videojuego pensado inicialmente para GameCube y que no era comparable a las grandes producciones del pasado. Tachado por la prensa del momento como repetitivo y con mecánicas simples, no fue el gran estreno que todos esperaban.

Pero Rare tenía mucho renombre y un baúl lleno de grandes licencias. O eso creía Microsoft pues, hace unos años, un antiguo integrante de Rare contó como muchos miembros de la compañía americana pensaban que Donkey Kong era ahora suyo. Pero no pasaba nada, pues tenían muchos otros personajes, entre ellos uno que representaba todo lo contrario a la etapa Nintendo: Conker. Y pareció una buena idea hacer un remake (sí, no penséis que esto de los refritos es algo de esta generación) del juego de N64: Conker: Live & Reloaded (Xbox, 2005). Una aventura muy divertida pero no demostraba hasta donde podía llegar Rare.

Todos necesitamos un periodo de adaptación a las nuevas circunstancias y esto es lo que pasó con Rare. Vieron como funcionaba Microsoft y, cuando se presentó 360, volvieron con toda la artillería: dos juegos, ideados para GameCube, se presentaron para la segunda consola Xbox totalmente renovados. Hablamos de Perfect Dark Zero y Kameo: Elements of Power, ambos en 2005, destinados a demostrar de lo que era capaz Rare en la nueva generación. Ambos se quedaron a medio gas, el primero por las altas expectativas que se tenían del anterior y el segundo porque era muy bonito pero corto. Todo esto empezó a minar la reputación del estudio, que tampoco brillaba en sus trabajos para NDS, donde Microsoft les dejaba publicar porque no era competencia.

Ni la vuelta de una nueva entrega de Banjo para 360 en 2008 (Banjo-Kazooie: Nuts & Bolts) hizo que la antigua Rare brillara otra vez. Fue a peor: Microsoft lo dejó como estudio de desarrollo para Kinect. Kinect Sport, ese intento de Wii Sport a lo Xbox ni siquiera llevaba la “R” en la portada. Y no fue hasta 2015 cuando muchos volvimos a sonreír al jugar a Rare Replay para XOne, un gran recopilatorio de las licencias de la compañía.

Con todo esto no quiero decir que Microsoft haya sido la mano negra de Rare, es impensable que quisieran destruir el savoir faire de la compañía después de pagar tanto por ella. Pero sí que no supo comprender su manera de trabajar o no dejaron que lo hiciera a su manera. Deseo que Sea of Thieves triunfe, aunque sea una apuesta arriesgada a largo plazo, porque esto sería el primer paso para el resurgir (que no resurrección) de Rare. ¿Quién sabe si estamos cerca de Perfect Dark 2?